Como sabemos, el año 2016 ha finalizado con cifras de crecimiento económico y del empleo muy satisfactorias. A falta de datos definitivos, el consenso estima un crecimiento muy vigoroso, en el entorno del 3,3 %, muy por encima de la media de la UE. A este crecimiento le ha acompañado una fuerte creación de empleo que ha provocado una caída del paro registrado cercana a las 400.000 personas. La afiliación a la Seguridad Social ha mejorado aún en mayor medida: 540.655 nuevos afiliaciones.

Evidentemente no todo son buenas noticias. Persiste una situación de desempleo inaceptable y la propia creación de empleo es criticada por los sindicatos por su temporalidad y su reducida retribución. Sin duda no les falta razón, el empleo generado sigue siendo en su inmensa mayoría temporal y las retribuciones pactadas se asientan en la reducción generalizada de salarios que ha acompañado la crisis.

No obstante, creo que debemos ser optimistas también a este respecto: los salarios han bajado como consecuencia de la fuerte destrucción de empleo. A un crecimiento del empleo le seguirá, en buena lógica económica, una mejora de los salarios. De hecho, los sindicatos y la patronal están negociando unas subidas en los convenios que claramente deberían superar la inflación prevista.

“VIENTOS DE COLA”

Sin duda la buena evolución de la actividad económica ha sido apoyada por determinados “vientos de cola” que se han producido en 2016. ¿Seguirán en 2017? Veamos: La depreciación del euro lo ha llevado a una cotización adecuada a la realidad española. Con ello se ha reforzado la competitividad de nuestras empresas en un mercado global.

Y bien, todo parece indicar que este año continuaremos con una cotización similar, consecuencia, entre otros, del escaso crecimiento de la UE, del mantenimiento de la política monetaria del Banco Central Europeo y de la probable subida de los tipos de interés en Estados Unidos.

También parece que se mantendrán muy bajos los tipos de interés. En una sociedad altamente endeudada como la nuestra esto es básico para reducir costes de las empresas y gastos de los préstamos de las familias. Y también, como no, para reducir el servicio de la Deuda Pública. 

Como sabemos, empresas y familias han reducido su endeudamiento en más de 500.000 millones desde el principio de la crisis, pero las Administraciones Publicas han absorbido plenamente esa reducción. Por lo tanto, el mantenimiento esperado de tipos de interés históricamente bajos favorecerá la inversión de las empresas, el consumo de las familias y la mejora del déficit público.

PRECIO DEL PETRÓLEO

El precio del petróleo no se va a mantener en los precios de 2016. Tras el acuerdo de los países productores ya ha aumentado el precio del barril, pero se espera que se pueda estabilizar en un entorno de 50-60 dólares. Todos sabemos que España es un país dependiente absolutamente del exterior para esta materia prima. Por lo tanto, la subida del petróleo subirá costes de empresas y familias y perjudicará la balanza de pagos, pero mientras no suba de los precios referidos el efecto no será excesivamente perjudicial.

A estos llamados vientos de cola, que como puede verse, se deberían mantener en buena medida este año, se añaden ahora ciertas incertidumbres que podemos repasar muy brevemente:

  • La estabilidad política. El año 2016 se caracterizó por la existencia de un gobierno en funciones durante casi todo el período. La formación del gobierno indudablemente favorece la situación económica en cuanto añade seguridad a los agentes económicos. Sin embargo, no sabemos si los acuerdos que lo han hecho posible se mantendrán durante todo el año.
  • El efecto Trump y Brexit. Son los más claros exponentes de nuevos aires proteccionistas que se mueven en Occidente. A ello tenemos que añadir el auge de ciertos nacionalismos en Europa y las importantes elecciones que van a tener lugar este año. La incertidumbre sobre sus efectos es muy alta, como lo es sobre la política que efectivamente va a llevar a cabo el nuevo presidente americano. Sin duda son cuestiones clave que nos pueden afectar de forma muy significativa.

En resumen, creo que hay motivos para el optimismo en España. Nuestras empresas han llevado a cabo una dolorosa reestructuración, dolorosa en pérdidas contables y pérdidas de empleo, pero que les permiten afrontar la competencia en mejor posición, lo que se traduce en crecimiento y empleo. Los factores externos apoyan ese crecimiento. Las incertidumbres son eso, incertidumbres, cuyo efecto está todavía por ver.

Por lo tanto, espero que la economía les ayude para que este sea efectivamente un feliz año.

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